jueves 28 de agosto de 2008

Roma: Ecos de un antiguo imperio (II)

Tras una larga noche de reposo y sin ninguna de las prisas, disfrutamos de un completo desayuno y nos dispusimos a continuar la visita a esta monumental ciudad. Próxima parada: el Coliseo.

De camino hacia allí nos detuvimos junto a la Piazza Venecia, subiendo esta vez las escaleras del Monumento nazionale a Vittorio Emanuele II, que hace referencia a Vittorio Emanuele II di Savoia, primer rey de italia, aunque sin llegar a entrar en el Museo nazionale del Risorgimento que se localiza en la parte más alta. Aquel sitio tiene una importancia más que lo meramente artístico puesto que en el centro del colosal monumento se encuentra el Altare Della Patria. Varios policías permanecían apostados en la entrada controlando la gente que por allí transitaba, así como dos policías a ambos lados de lo que parece ser una corona de flores entre dos bellas antorchas que permanecían siempre encendidas. De nuevo el día había amanecido extremadamente caluroso y la necesidad de andar siempre a la sombra así como de constantemente beber agua nos obligaba a no detenernos nunca demasiado en un mismo sitio.

Proseguimos nuestro camino siguiendo la Via dei Fori Imperiali, pudiendo ver a ambos lados multitud de ruinas del Foro Imperial. De camino pudimos ver en la pared de uno de los edificios cuatro imágenes de piedra que, como diagramas educativos, representan la extensión del antiguo imperio en cuatro momentos de su historia. Multitud de restos pétreos de antiguas construcciones blancas nos siguieron acompañando en nuestro viaje al más impresionante de los anfiteatros romanos: el Coliseo.

He de decir que, aunque en mis viajes he conocido construcciones de piedra que me han impresionado algo más, no he pisado en mi vida un estadio de fútbol de grandes dimensiones, de modo que tanto para mí como para los romanos de la antigüedad, el Coliseo ha sido para mí y sería para ellos el “estadio” más grande que pudieron ver y disfrutar en los siglos venideros, no existiendo construcciones de similares dimensiones hasta la aparición de los actuales estadios de fútbol. Como se puede apreciar en las fotos, solo permanece erguida la mitad del edificio, habiéndose derrumbado la parte más alta de la mitad sur debido a terremotos y a alguna bomba de la segunda guerra mundial. Inaugurado en el año 80 d.C. llegó a albergar una capacidad para 50.000 espectadores y fue utilizado durante más de 500 años para su uso como anfiteatro, donde gladiadores y bestias entretenían al público de aquella época. Posteriormente se utilizaría como refugio o incluso castillo, aunque lo que realmente más erosionó su estructura fue su desmantelación en parte para reutilizar la piedra en otras construcciones de la ciudad, así como en el Palazzo Barberini.

En el presente se muestra como una de las atracciones turísticas más importantes de la capital y de Italia, con un coste de la entrada de 11€ que incluye además la entrada al monte Palatino. De nuevo un precio algo caro teniendo en cuenta que se trata de un monumento patrimonio de la humanidad por la UNESCO y que debe de recibir fondos para su mantenimiento y posible restauración que hagan posible una entrada más asequible para cualquier visitante. Inmensas colas te aguardan para entrar aunque siempre te ofrecen la posibilidad de contratar una visita guiada en inglés o italiano por una suma total de unos 20€ sin necesidad de colas puesto que los grupos guiados tienen un acceso especial.

Una vez en el interior pudimos dar una vuelta al edificio por la zona más baja y un pequeño paseo más corto por la alta, disfrutando como no de las ruinas más grandes en las que he entrado nunca y de la imaginación de cada uno, soñando con un anfiteatro colmado de gente donde nunca faltaba el espectáculo. ¿Algún día alguien visitará nuestros estadios deportivos casi derruidos imaginándose cómo sería un partido de la copa del mundo de fútbol? Es realmente un sitio que, más que impresionar en sí, me inspiró multitud de pensamientos sobre aquel lejano pasado de hace 1500 años.

Tras salir del Coliseo pasamos por delante del Arco di Costantino, arco triunfal construido en el 315d.C. para conmemorar la victoria de Costantino I contra Massenzio en la batalla di Ponte Milvio. Seguimos hacia el sur por la Via di San Gregorio hasta dar con la entrada al Monte Palatino, donde subimos y dimos una vuelta visitando de camino el museo Palatino. Se dice que en esta colina se localizan parte de los edificios más antiguos de roma y que fue donde la loba amamantó a Rómulo y Remo según la historia de la fundación de Roma. De hecho aquí tuvieron su palacio los emperadores Augusto, Tiberio y Domiziano, dando su origen al término Palacio (Palatino).

Dado que ya era tarde y teníamos hambre, decidimos volver por la Via dei Fori Imperiali hacia el hotel buscando donde comer. Acabamos en una pizzería-bodega junto a la Fontana de Trevi donde nos decidimos a probar nuevos sabores de pizza: pizza con jamón serrano y pizza con cebolla y aceitunas negras. Ambas nos gustaron como la de la noche anterior, ya que de nuevo la masa era muy fina y la mozzarela muy sabrosa, creando una combinación difícilmente resistible.

De vuelta en el hotel pudimos echarnos una buena siesta tras el horrible calor pasado y contactamos con una amiga de mi hermana que allí residía con la que quedamos para que nos indicara la ubicación de algún supermercado en el centro de Roma, algo que habíamos sido incapaces de encontrar. Nos llevó hasta un Spar donde pudimos abastecernos de refrescos a buen precio así como de algo para picar entre horas y nos acompañó hasta el hotel ya que no tenía nada que hacer hasta por la noche.

Después de charlar un buen rato en la habitación decidió venirse a cenar de modo que nos llevó a un restaurante en las proximidades de la Piazza di Spagna. Callejeamos bastante hasta llegar a dicha plaza, la cual nos sorprendió gratamente por su decoración y su gran cantidad de gente sentada en las escaleras que suben hasta la Piazza Della Trinità dei Monti, una bella plaza para un gran país vecino. Allí se encuentra también la embajada española y un dato curioso que se repite en casi todas las plazas importantes de Roma: un Mc.Donnalds. El restaurante donde cenamos no recuerdo su nombre pero mereció la pena, ya que cenamos unos tortelloni y spaghetti para chuparse los dedos. Tras acompañarla de nuevo a la Piazza di Spagna nos volvimos hacia el hotel, pasando de nuevo por la Fontana di Trevi, siempre a rebosar de gente y con una iluminación nocturna que le concedían una extrema belleza. Nos duchamos y a la cama, que el tercer día sería el que más andaríamos de todo el viaje.

Roma

1 comentarios:

Lucia dijo...

estas vacaciones me estan gustando mucho:) a ver que pasa el tercer dia:)q buena la pizza italiana,no?:P